Se transformó, cambió su mandil por ropajes de letras, dejó de lado los obstáculos imprecisos, aquellas glorias contenidas y herméticas guardadas en divinos frascos de perfume , y mutó su olor, cambió todo por la tinta que emanaba de sus venas, y del azúl pasó al rojo. No hubo más magia que la del aire, un oxígeno embriagante la hacía escribir volcado el torrente inagotable de su mente perturbada no precisó ya de más para ser feliz.
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