Y abrió su libro, y de pronto, unas palabras alzaron el vuelo. Brillaban a través de la luz, transparentes y reales, eran como diamantes diminutos caídos de una tiara, y creyó que el papel no era más que una cárcel que encerraba el alma del poeta, y que, por pura magia, se liberó al pasar sus ojos por los versos que leía.
Comentarios
Publicar un comentario