Dicen por ahí que con los años se marchita la rosa del amor, que no hay sorpresas ni deseos, que la furia se vuelve calma y rutina, que no hay ya juegos ni fuegos. Pero con solo oír tu voz derrito mis pensamientos, y me tiemblan las piernas, y mi interior se ve convertido en un mágico motor que me ayuda a alzar el vuelo, una máquina propulsada por el aleteo de un millón de mariposas.
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