Cuando el corazón quiere volar no hay excusa que le detenga, por mucho que sacudas tu cerebro en el terrado como si fuera una alfombra, sacar polvo y telarañas, algún grillo loco, o un par de inoportunas pulgas, y alguna que otra quimera. Cuando el corazón quiere volar no puedes fingir ningún infarto. Simplemente, vuela...
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