SENTIR LA MÚSICA

Un piano en el cielo,
unos dedos pulsando sus teclas...
las blancas con sabor a dulce de tamarindo,
las negras sabiendo a ácido limón.


Oír esas notas, dibujando oleajes en el aire,
elevar el alma, descender las lágrimas,
flores carmesí brotando del corazón,
ser sueño escuchando la perfección,
matemática de amor y dulzura,
cadena de sumas y restas, con lineas y bolas,
columpios inventados por la mente de una loca.


Se produce un mimetismo con el sonido.
Transformarse en la bailarina
de una cajita de música.
Sentir libre, los pies no tocan el pedestal que gira
y de pronto, volverse pequeño tornado de tules y cintas,
pétalos de rosas blancas en el núcleo,
nubes de jazmines a sus lados,
y enredaderas
que arraigan a la maravillosa caja
cárcel, hogar sin paredes
que limiten libertad.


Marga Escuder Gea




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