ABSURDO.



Éste era un reino de enojados,
unos con otros,
algunos incluso consigo mismos,
un reino donde el taconeao
se volvió terrible pataleta
y perdió su arte,
donde las mentes crispadas
por las ideas arrancadas a la historia
sin el perdón, sin el olvido,
sin el progreso,
blandían como espadas sus lenguas
afiladas a veces,
atacando con pasados,
otras en callada batalla de desasosiego.
Nadie tenía la magia de Merlín,
nadie era sabio, ni brujo, ni mago,
Había demasiados reyes,
demasiados embajadores,
demasiados consejeros.
Demasiados vasallos.
Éste era un reino que perdió una apuesta,
que hizo desertar al oro,
que cegó por orgullo,
que reclamaba el pasado
a destiempo,
que olvidó las oportunidades,
y que gritó en lugar de alzar la voz.
No sabían acunar los valores.
Y todo se consintió en nombre
de una doncella confundida
llamada democracia.

Marga Escuder Gea


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